«Ojalá en un futuro os pueda decir que soy paliativista»

 

El último día de prácticas, nos preguntáis qué hemos aprendido, qué nos llevamos, y en caliente es complicado poder transmitir todo esto. Al terminar el día, tengo la costumbre de reflexionar sobre éste, recordar con quién me he encontrado, qué he aprendido, qué he hecho mal o qué he hecho bien y dar gracias por las pequeñas cosas de cada día.

Quería compartir esta reflexión con todos vosotros, os podéis preguntar por qué; es cierto que con algunos sí compartí lo que han supuesto estas semanas, pero hay muchas cosas que se quedan siempre en el tintero, y hay algo que aprendí hace tiempo: que lo que no se comparte se pierde.

Muchos compañeros quieren rotar en Cuidados Paliativos por la acogida que se recibe por vuestra parte, por lo bien que nos tratáis, porque, aunque os parezca increíble, no en todos los servicios se nos trata así. Pero hoy quiero ir más allá, quiero compartir con vosotros qué he sentido y qué me llevo de este tiempo, de vosotros y, sobre todo, de ellos, los pacientes.

Cuando estaba en 4º de Medicina, se me planteó la posibilidad de rotar en Paliativos, pero decidí optar por otro servicio. ¿Por qué? Por miedo, por no querer afrontar que la vida tiene un final, que los médicos muchas veces no pueden curar y por no saber cómo actuar en esta etapa de la vida. Por aquel entonces, y antes de comenzar este rotatorio, pensaba que los pacientes que llegaban a paliativos eran los desahuciados, esos por los que ya no se podía hacer nada más, sólo esperar la muerte. Quizás lo triste de esto es que la mayoría de compañeros piensan que Paliativos es esto, pero se equivocan.

En estas semanas he aprendido infinidad de cosas, muchas más de las que se pueden encontrar en cualquier libro de Medicina. He aprendido cómo cada persona es especial, con su situación concreta y con su familia. He aprendido el poder de la escucha y el tacto; cómo con éstas dos se establece un vínculo especial con el paciente. He aprendido que el humor no hay que perderlo, que el cariño y la delicadeza han de estar siempre de por medio.

He aprendido que en el final de la vida se puede vivir intensamente, que cada pequeña cosa es un gran regalo, que las reconciliaciones son posibles, que el amor se puede percibir en cada gesto o sonrisa. He aprendido que la vida merece la pena hasta el último suspiro. He aprendido que no siempre se puede curar, pero que acompañar y mejorar la calidad de vida en la última etapa es incluso más bello.

He aprendido que la humanidad en la Medicina no se ha perdido.

De vosotros he aprendido tanto.. Por supuesto, me dejaré muchas cosas atrás. He aprendido que trabajar en equipo hace las cargas más ligeras, que hay que tener una sensibilidad muy especial para trabajar como lo hacéis. Me habéis hecho recordar por qué elegí Medicina. Durante estos años de carrera te planteas qué especialidad hacer y por qué; lo único que yo sabía era que quería ayudar a los demás, estar a pie de cama, que mis pacientes serían especiales, y no números de habitación… Creo que mi futuro se ha aclarado algo gracias a vosotros. También ha habido días peores, días en los que llegabas a casa e intentabas explicarte por qué esta persona había muerto y no lo entendías, tardes en las que te planteabas todo.

De los pacientes, el aprendizaje ha sido infinito. Tengo a tantas personas guardadas… Pero sí es cierto que me acordaré de Yolanda y la ilusión por volver a su casa porque su hija pequeña regresaba de Madrid; o de Soledad, que a pesar de encontrarse bastante débil, deseaba volver a casa para estar con sus pequeños, Antonio y Carla, o de mi querida Paulina, que rebosaba amor por todos lados; o Paqui, siempre con tan buen humor y tan agradecida. Con todos ellos pude compartir algún ratito que otro, y me enseñaron más de la vida y de medicina que todos estos años de facultad.

Es difícil resumir tres semanas en pocas palabras. He pasado por varias prácticas, y os puedo decir que muchas me han gustado: Familia, Urgencias, Interna…, pero quizás por interés médico. Siempre tienes más interés por unas especialidades que por otras, realmente en función de lo que más te guste.

Paliativos para mí ha supuesto aire fresco, me ha recordado el sentido de la medicina, mi vocación.

Creo que la labor qué hacéis es increíble, es preciosa, pero difícil y compleja. Ojalá en un futuro os pueda decir que soy paliativista. Ojalá, y así sea, pero como vosotros bien decís, día a día, vamos a vivir en el presente y disfrutando de cada día, que el futuro si tiene que llegar, llegará.

Permitidme que comparta mi fe con vosotros. Creo que Dios nos ha puesto en este mundo para hacer mejor la vida de los demás. Creo que somos muy afortunados por poder ayudar a las personas, pero también exige una alta responsabilidad: son personas, con su salud, su vida y su familia.

Gracias por enseñarme que la vida merece ser vivida intensamente y lo mejor posible hasta el último momento. Que, quizás, tener fecha de caducidad concreta permita ser mejor persona, reconciliarse y vivir más y mejor que el resto de lo vivido. Que Paliativos es vida, es cuidado, es delicadeza.

 

(Hoy Alicia es residente de Oncología de tercer año y está realizando un máster en Cuidados Paliativos, porque su objetivo es «trabajar en esto»)

 

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