«No convirtamos nuestro estado del bienestar en un Estado eugenésico, insolidario y economicista»

Bélgica se dispone a votar en su Parlamento la despenalización de la eutanasia en los menores de edad, tras varios años de discusión social. Lo que me ha causado más impacto ha sido el saber que han sido los médicos los que han pedido que este supuesto se legalizara; no deja de sorprenderme que sean precisamente nuestros colegas los que hayan apoyado la despenalización de la eutanasia tanto en Holanda como en Bélgica. Se supone que nuestra profesión tiene como fin el curar, velar y cuidar a los enfermos, tanto como los medios científicos y humanos nos permitan, y siempre respetando los criterios que la ética y moral nos imponen. Y este hecho confirma lo que siempre tememos cuando se despenaliza la eutanasia: la pendiente resbaladiza.
Los defensores siempre dicen que está pendiente no existe, que los casos informados de eutanasia no han aumentado, y que siempre que se respeten las condiciones que dicta la Ley, no puede haber abusos. Esto no es verdad, la prueba es que incluir a los menores, con el simple acuerdo de sus padres rompe criterios de respeto máximo a la autonomía. Se dice que se tendrá en cuenta la opinión del menor, siempre que un psiquiatra experto reconozca una «capacidad de discernimiento». Pero, ¿este análisis por parte del psiquiatra se hará a posteriori, como ocurre en los otros casos? Como siempre, el más débil será el que cargue con las consecuencias de una Ley eugenésica. La eutanasia no debe ni puede considerarse jamás un mero acto médico, pues no se basa en las normas deontológicas que la medicina posee, y transgrede cualquier código moral.
Otra de las consecuencias temibles de este hecho es la progresiva presión social que van a sufrir los padres de estos niños, y que al negarse a aceptar la eutanasia como la «mejor» solución para acabar con una «vida sin sentido», se verán abocados al rechazo social y a ser tildados de insolidarios con la sociedad. Esto parece algo anecdótico, pero que le pregunten a muchos grandes discapacitados y a ancianos cómo se sienten en Holanda y Bélgica. Recomiendo la lectura de un libro recientemente publicado en español por Etienne Montero («Cita con la Muerte»), profesor de Derecho de la Universidad de Namur, y en el que describe qué ha cambiado en Bélgica en los diez años de implantación de la Ley de Eutanasia.
Lo razonable sería poner en marcha todos los mecanismos que un Estado civilizado tiene para atender y cuidar a estos niños y sus padres; mecanismos como unos Cuidados Paliativos avanzados, que eviten los síntomas, que ayuden desde el punto de vista psicológico, social y familiar; que se tramiten todo tipo de ayudas económicas y sociales, que faciliten y alivien la tremenda carga que de por sí supone a esos padres. El modo de cómo se atiende a estas personas da una pista del grado de civilización que esta Sociedad tiene. No convirtamos a nuestro estado del bienestar en un Estado eugenésico, insolidario y economicista.

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